Los nuevos roles en la pareja

 

 

¿Dónde y cómo ubicarnos hoy en una relación de pareja?

 

En las consultas psicológicas de varones y mujeres con interés en vivir una relación amorosa, insiste un denominador común: el desencuentro. En relación a ello, se pone en escena una paradoja: son muchos los que quieren encontrarse y también muchos los que terminan sin poder hacerlo.

 

¿Y cómo es que se produce esta paradoja?

 

Más allá de las cuestiones psicológicas y particulares a trabajar en cada paciente, podemos pensar algunas explicaciones acerca de esta situación relacionadas sobre todo con la época que estamos transitando.

 

Varones y mujeres estamos siendo testigos y protagonistas de numerosos cambios en los roles familiares, sociales, incluyendo por consiguiente los roles en la relación de pareja.

 

En el caso de la mujer, se ha ido modificando su rol en varios aspectos: ha ido conquistando derechos y libertades como por ejemplo de disfrutar de su sexualidad en plenitud, de habilitarse a tener una conducta mucho más activa en la conquista, de estar en condiciones de sostenerse económicamente sin depender del varón. Pero estos cambios, que en un principio pueden ubicarse como positivos, han traído aparejados algunos conflictos: muchos varones se han sentido desconcertados y con dificultad de encontrar su lugar al lado de estas mujeres más plantadas, activas y autónomas, ya que históricamente han estado habituados a asumir un rol asimétrico con respecto a ellas. En este sentido, es mucho más difícil para un varón actual acercarse a una mujer, que al no estar condicionada por la “necesidad” (por ejemplo económica) de estar en una relación con un varón, puede darse la libertad de elegirlo o no.

 

Otra problemática que en ocasiones se observa, y que también se deriva de este cambio de roles, es la siguiente: muchas mujeres se presentan a la consulta psicológica con un estilo autosuficiente, planteando que sólo se interesan en tener un encuentro sexual con algún varón, en que no estén involucrados sus sentimientos. Estos posicionamientos, podrían pensarse de alguna manera como conductas en espejo con respecto a aquellas actitudes masculinas de las que las mujeres han sido sumamente críticas: la queja histórica de tantas mujeres acerca de los varones “fóbicos” al compromiso. La cuestión es que en el presente sigue apareciendo en ellas mismas una sensación de frustración e insatisfacción, o una satisfacción muy efímera y momentánea.

 

Sucede con bastante frecuencia que estas mismas mujeres, al cabo de un tiempo de trabajo terapéutico, se encuentran con la contradicción de descubrir como novedad que las incomoda, y hasta las avergüenza, que internamente tienen también otros deseos no reconocidos: de enamorarse, poder estar “de novias” (palabra de la que en principio reniegan), armar una pareja estable, todo ello oculto y negado no sólo para los otros sino también para sí mismas.

 

¿Y con qué podría tener que ver esta incomodidad?

 

Si bien como referíamos, cada caso es singular y por consiguiente habrá que explorar causas particulares, familiares, etc, podemos pensar también alguna cuestión vinculada a los roles y tiempos actuales: vivimos en una época de exacerbación del individualismo, en que muchas veces, el vínculo íntimo con el otro puede generarnos algunos temores relacionados con la fantasía de perder o diluir la propia identidad. En este contexto, la aventura de enamorarse del otro puede imaginarse y vivenciarse como riesgosa, peligrosa, por la posibilidad de generar alguna dependencia emocional con ese otro, y quedar por consiguiente en una situación fantaseada de vulnerabilidad o fragilidad.

 

¿Qué posibles alternativas a este tipo de encerronas podemos pensar? Algunas de ellas serían:

 

*Ir construyendo un escenario en que varones y mujeres puedan empezar a vivenciarse y vincularse como pares, a partir de enriquecerse desde sus diferencias y no transformándolas en asimetría de poderes.

 

*Poder interrogar aquellos discursos y prácticas que en sus proclamas y refuerzos de la individualidad se deslizan invisiblemente hacia el equívoco de confundir la autonomía e independencia personal, valor en sí mismo positivo, con el ideal ficticio de creer que ser libre implica no tener vínculos amorosos, profundos e íntimos con los otros, equívoco que termina alimentando situaciones de desencuentro y soledad entre varones y mujeres.                                                                                                     

 

 Lic. Amalia González

 

Escribir comentario

Comentarios: 0