Autoestima&pareja

 La autoestima en el amor de pareja

 

¿Se puede amar a otro sin amarse a uno mismo? ¿Qué lugar ocupa la autoestima en el amor de pareja?

En este sentido, es importante aclarar algunos malos entendidos vinculados a los mitos del amor romántico. Hay infinidad de relatos, cuentos, novelas literarias y televisivas, que con diferentes variaciones han contado la historia del joven enamorado que porque siente y proclama sentir un amor incondicional está dispuesto a tolerarlo todo de ella, se sometería a cualquier sacrificio por aquella muchacha que es objeto de su amor. También se narran múltiples historias en términos equivalentes, del lado de la mujer enamorada, en que ella, en nombre del amor que refiere sentir por él, sería capaz de aceptar cualquier cosa, hasta incluso situaciones de maltrato de su pareja hacia ella.

Tal como lo describe Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, el amor suele comenzar con una etapa de enamoramiento, en que la persona que es objeto de ese amor, reviste a los ojos del enamorado todas las cualidades y perfecciones, está exenta de toda crítica. Este fenómeno se denomina idealización. Freud lo explica diciendo que el enamorado ha colocado a la persona que es objeto de su amor en el lugar de su propio ideal.

Ahora es momento de hacernos una pregunta importante: ¿Es suficiente con amar y admirar a ese otro?

Si pensamos en un amor lo suficientemente sano, la respuesta es que no.

Podemos decir que, en un amor sano, es condición necesaria pero no suficiente amar a ese otro. La vuelta se completa cuando quien ama también es amado.

Si esto no sucede, si ese amor no es en la misma medida correspondido, y uno se queda de todas formas en esa situación, como sería por ejemplo el caso de un “amor imposible”, hay algo de la estima propia que no está funcionando. 

Viene al caso citar una frase muy elocuente al respecto que dice: “Te amo no sólo por lo que sos cuando estás conmigo sino por lo que soy cuando estoy contigo”.

Es decir que un amor sano es aquel que además de provocar enamoramiento y admiración por ese otro, también nos hace sentir bien con nosotros mismos, potenciados, valorizados y amados.

 

Un vínculo saludable es aquel en que ambos sentimos que el otro y estar con el otro “nos hace bien”, o dicho más técnicamente, un amor que alimenta mutuamente la estima de cada uno.

Quien tiene una buena estima de sí va a elegir entonces a alguien que además de tener cualidades y rasgos que le generan enamoramiento por lo que el otro es, le devuelva una mirada equivalente, es decir, que lo haga sentirse amado, elegido y bien tratado por ese otro.

Por el contrario, quien tiene la estima propia lábil, muy probablemente creerá que lo que no siente por sí mismo tampoco es esperable que el otro lo sienta por él o ella, aceptando y hasta convalidando diferentes conductas de destrato, maltrato y desvalorización del otro para consigo.

Jorge Bucay decía alguna vez: “Yo no sería capaz de enamorarme de alguien que no pueda gustar de mí”.

Como conclusión podemos decir entonces que un amor saludable, de esos que a uno le hacen bien, es el amor al otro que parte de la condición previa del amor a uno mismo. Y que esto necesariamente va de la mano de que el sentimiento de amor, valorización y buen trato en una pareja sean recíprocos.

Dicho de otra manera, un amor que no contempla esta condición de apuntalar adecuadamente la estima de ambos integrantes del vínculo, por más “enganche” que nos genere, nos va a traer más situaciones de malestar, sufrimiento y deterioro de nuestra estima propia que de placer, gratificación y felicidad.

 

                                                                                                                                                                                                   Lic. Amalia González 

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